streetmatching.com: la tecnología al servicio del amor.

Es un lunes cualquiera. Vas por la calle como casi siempre; embebido en tus quehaceres, repasando mentalmente todas las obligaciones que te esperan a lo largo del día. No te has visto en ningún espejo desde que saliste de casa pero sabes que tienes el rostro gris, ese es el color con que las preocupaciones barnizan la piel.

 

La rutina hacia el trabajo o la universidad es siempre la misma. Ignoras a las personas que te cruzas y ellas hacen lo mismo contigo, pero de pronto notas algo, unos ojos se clavan en ti y con una sonrisa pícara aprueban lo que llevas puesto: una camiseta negra en la que resalta la figura de un Elmo saludando cerúleo con una probable resaca de vodka, unos vaqueros desgatados y unas Converse rojas que ya no recuerdas cuántos kilómetros tienen. Un momento, es una chica. Y es preciosa.

 

¡Le has gustado!

 

Entonces vuelves al mundo real del que hasta hace unos segundos te encontrabas abducido y le devuelves el gesto con una torpe sonrisa, una sonrisa que prácticamente parece el principio de un ictus, pero tu mejor sonrisa al fin y al cabo. El rostro que alberga esos dos ojos que son dos soles sonríe agachando la mirada coquetamente… Algo en tu pecho lucha por salir con furia, como un xenomorfo de la película Alien: tu corazón, esa patata roma que solo sabías que estaba ahí cuando al darte una carrera para coger el metro te latía azorada. La miras al pasar por tu lado y ella se gira para mirarte. ¡Dios! ¡Tienes la hipófisis loca y te está empapando de oxitocina todo el torrente sanguíneo! ¡Esos dos ojos te han sacado del sopor de lo cotidiano como dos palas de reanimación cardíaca puestas en la frente!

 

¡Te has enamorado!

 

Pero un momento… ¿Dónde ha ido? ¡Maldita muchedumbre que devora como pirañas la figura que te ha devuelto a la vida! Ya no está, no consigues averiguar qué ha sido de esa persona. El corazón te sigue latiendo por la inercia pero poco a poco vuelve a la calma y tú vuelves a perder los colores que te habían pintado el rostro de vida después de meses tiznado de gris. Vuelves a tu sitio en el pavimento, siguiendo la flecha de dirección única que la sociedad te marca con lo que debes hacer cada día. Eres de nuevo un zombi urbanita más.

 

Pero no te preocupes, Internet es la clave. De nuevo. ¿Quieres encontrar a esa chica? Pues ya puedes hacerlo y evitarte recordar de por vida  la imagen romántica de aquella cara y su sonrisa a las 9.45 de la mañana que viste por el centro de la ciudad  sin saber si pudo haber sido algo más. Si esa persona también quiere encontrarte, podrá hacerlo usando el geolocalizador de streetmatching.com. Tan sencillo como poner la calle dónde os encontrasteis y la hora aproximada. Incluso puedes subir una foto a la web o a la app. Si la otra persona también metió los datos, ¡listo! Tienes localizado a tu flechazo.

 

Una advertencia: piénsatelo bien antes de poner en marcha el mecanismo de emparejamiento de la web, quizá te merezca la pena más atesorar esa mirada y todas las buenas emociones que te despertaron a jugártela a que te den unas sonadas calabazas. Aunque claro, mirándolo por otro lado, quien no arriesga, no gana…

Enlace: http://www.streetmatching.com

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